Mis piernas se sienten como si estuvieran hechas de cristal a punto de romperse. Cada paso que doy de regreso al salón principal del The Venetian es una batalla contra mi propio cuerpo, que todavía vibra por el contacto eléctrico de los labios de Lucien. El eco de ese beso, hambriento y posesivo, se repite en mi mente como una sentencia. Se supone que ese beso no debía de suceder y detesto sentirme así; odio con cada fibra de mi ser que ese desgraciado aún tenga el poder de encenderme con un so