Me quedo mirando el techo durante lo que parecen horas. Las molduras de escayola de la mansión Belmont son diferentes a las de los Ivanov. Estas son más clásicas, más blancas, menos cargadas de esa opresión gótica que envuelve todo lo que Lucien toca. Por un segundo, al abrir los ojos, el instinto me traicionó. Esperé escuchar el clic de la puerta y la voz de Elmira, siempre puntual, siempre severa, riñéndome por no estar lista para iniciar el día y servir a Lucien. Esperé sentir esa punzada de