Me miro en el espejo empañado del tocador, tratando de reconocer a la mujer que me devuelve la mirada. Mis labios están hinchados, mi piel tiene ese rubor delatador y mi cabello es un desastre de hebras sueltas. Una vez más, he caído. Una vez más, Lucien ha ganado. Pero esta vez, el sabor de la derrota es diferente. No voy a buscar excusas, no voy a culpar al alcohol ni a las circunstancias. Me miento si digo que fue contra mi voluntad. Fue mi debilidad, mi curiosidad y este hambre irracional q