SERA
—¿Damián es dueño de esto? —pregunté conmocionada mientras me paraba frente al enorme edificio. Sabía que la compañía de Damián era grande, ¡pero no sabía que lo fuera tanto! Christy sonrió y me arrastró hacia adentro; la seguí.
—Vamos —dijo mientras me jalaba—. Te lo mostraré todo.
Y lo hizo. Cada oficina, el vestíbulo, el ático donde Damián descansaba, la oficina de Damián, la de Matteo y, por último, la suya. Suspiré mientras me sentaba en el sofá de su oficina.
—¿Estás cansada?
—Agotad