DAMIAN
Miré mi reloj de pulsera por segunda vez desde que me subí al auto. Por fin era lunes, y mi esposa aún no había bajado. Para alguien que parecía tan entusiasmada cuando se lo informé, iba tarde. Mi mente regresó a la habitación en ese momento: cómo la había afectado mi roce, cómo podría haberme afectado a mí también, la rapidez con la que había identificado el problema en el documento y lo emocionada que la tenía aquel empleo. En ese momento salió, luciendo majestuosa con el traje formal