# CAPÍTULO 38: EL DESPERTAR EN LA SEDA (POV ISABELLA)
El despertar no fue un estallido de consciencia, sino una lenta y dolorosa ascensión desde un abismo oscuro y denso. Durante lo que parecieron siglos, solo existió el vacío. No había frío, ni dolor, ni recuerdos; solo una negrura absoluta donde el tiempo se había detenido. Pero entonces, el mundo real empezó a filtrarse como veneno por mis sentidos.
Lo primero que registré fue el olor. No olía a moho, ni a humedad, ni a la madera vieja de la