# CAPÍTULO 39: EL ARTE DE LA AMNESIA (POV ISABELLA)
El aroma a lavanda y seda de la mansión Moretti se convirtió en mi nueva realidad durante las semanas siguientes. Mi cuerpo sanó, las marcas moradas en mis brazos se desvanecieron hasta convertirse en sombras amarillentas y el labio partido dejó de sangrar, pero el vacío en mi pecho solo se hizo más profundo. Lorenzo no era como Alexander; no había gritos, ni arranques de furia ciega, ni sótanos húmedos. Había una cortesía fría, una elegancia