CAPÍTULO 18: EL AMANECER DE LAS CENIZAS
El alba en el Lago de Como tiene un color que no parece de este mundo; es un rosa pálido, casi etéreo, que se filtra por las cortinas de seda de la Suite Presidencial como si temiera romper el silencio. Me desperté a las seis de la mañana, con el cuerpo pesado por el rastro del alcohol de la noche anterior, pero con la mente extrañamente despejada.
No me moví. Me quedé allí, respirando el aire frío de la habitación, sintiendo el calor sólido que emanaba