Desde que volvió a Novopolis, Oliver le llamaba solo de vez en cuando. Si no marcaba él, ella tampoco lo hacía. A veces intercambiaban algunos mensajes y después Oliver desaparecía, como si todos los días anduviera ocupadísimo.
—¿Bueno?
—Ali.
Alina se estremeció de pies a cabeza.
—Habla bien.
—¿Qué tiene de malo cómo hablo?
Se escuchó que rio.
—¿Por qué tienes que ser tan empalagoso?
—Porque soy especial.
—¿Especial en qué?
—Para ti. Soy especial para ti.
—¡Eso es una mentira enorme!
Al otro la