Después de cenar, Kato y Zoey fueron a empacar. Alina volvió a la residencia del abuelo, se dio una ducha y se acostó con el ánimo por los suelos.
El celular sonó en el momento exacto. Alina contestó la llamada, y al escuchar la voz del otro lado se le apretó la garganta.
—¿Bueno?
—Ali, felicidades.
—¿Por qué?
—El mejor puntaje.
—Ya pasaron varios días desde que salieron los resultados y apenas dices algo. Ni siquiera me mandaste un regalo. Qué poca consideración.
Alina estaba de mal humor y se