En su vida pasada, como la asesina Noelia, había amado incondicional y estúpidamente a Edgar Orbán. Había derramado sangre, enfrentado balas y arriesgado su existencia entera liderando un cártel de asesinos solo por él, con la única esperanza de poder caminar a su lado sin esconderse de la luz pública algún día.
¿Y qué diablos había ganado con todo ese sacrificio heroico? Ser torturada hasta la muerte en una prisión clandestina de Azmar, mientras el hombre al que adoraba con locura celebraba su