Abel golpeó el piso con su bastón una y otra vez. El ruido retumbó por el pasillo.
—Papá, ¿qué haces aquí?
Abel lo ignoró.
—Si no vengo, ¿ibas a golpear a Alina hasta matarla? Es tu hija, ¿cómo eres capaz?
—Papá, Alina se portó mal. Como padre, tengo que disciplinarla.
—¿Que se portó mal? Tu mujer la acusó falsamente de estar embarazada. Tu hija consentida tuvo el descaro de contratar gente para agredirla. Dime tú, ¿en qué se equivocó Alina?
—Suegro, Lia siempre ha sido una niña bien portada y