Mundo ficciónIniciar sesiónOliver observaba a la joven desde el auto. Parecía haber tomado una decisión muy importante, pues sus ojos reflejaban un resentimiento infinito. El empresario sonrió divertido. ¿Qué clase de rencor tan profundo podía tener una chica a esa edad?
Ajena a la presencia del sujeto en el vehículo, la muchacha retomó su carrera y aumentó la velocidad.
Poco después llegó el auto enviado por la sucursal. Oliver se marchó de esa calle, dejando atrás un detalle tan insignificante que ni siquiera merecía un lugar en su memoria.
…
Sin darse cuenta, pasaron casi dos meses. El cumpleaños de don Abel estaba a punto de llegar. Alina había logrado bajar treinta kilos; aunque todavía estaba un poco llenita, con su metro setenta de estatura y el músculo que había ganado con el ejercicio de esos días, ya se veía esbelta y en forma.
Caminó hacia la casa vieja detrás de la mansión. Generaciones de la familia Quiroga habían vivido ahí. En la parte trasera estaba la residencia principal donde vivía el patriarca, y enfrente se encontraba la construcción más moderna levantada hacía unos pocos años, habitada por Teo y su familia.
El anciano se sorprendió muchísimo al ver el cambio en la joven. Antes estaba exageradamente gorda, y en apenas unos meses había bajado bastante de peso.
No solo había mejorado su figura, sino que sus ojos ya no reflejaban la cobardía del pasado. ¿De verdad esa chica de mirada clara y vivaz era su nieta?
La muchacha se acercó con una sonrisa y preguntó:
—Abuelo, ¿puedo ir a tu fiesta de cumpleaños?
Él casi había olvidado la alegría que sintió cuando ella nació. Solo que, tras la muerte de la madre de la niña, su hijo metió de inmediato a Mariza y a sus dos críos a la casa.
Al ver que Uriel y Cindy eran mayores que la recién nacida, supo que esos dos ya tenían una relación a escondidas desde mucho antes. Como de la nada le había caído un nieto varón, el anciano prefirió ignorar la situación.
Con el paso del tiempo, los jóvenes crecieron. El muchacho entró al Corporativo Sunset demostrando gran capacidad, y la actriz se abrió paso con éxito en el mundo del espectáculo. Luego nació Lia, que siempre aparentaba ser una niña obediente y educada. En cambio, la tercera hija iba de mal en peor.
Perezosa, glotona, con pésimas calificaciones y siempre callada. Casi había olvidado que tenía otra nieta.
Pero hoy, al verla tan despierta, linda y carismática, sintió una gran alegría.
—¡Claro que sí! Eres mi nieta biológica, por supuesto que tienes que estar en la fiesta.
Esa noche, la joven se quedó en la casa vieja acompañando al patriarca y platicando un largo rato. Al momento de irse, Martín, el administrador, le comentó:
—La señorita antes casi no hablaba y eso tenía muy preocupado al jefe. Qué bueno que ahora viene a visitarlo más seguido, seguro que eso lo pone muy contento.
Ella le dedicó una sonrisa.
—Gracias por el consejo, don Martín.
Sabía muy bien que en las familias adineradas el cariño escasea. Por más contento que estuviera el abuelo, si ella no demostraba ser capaz, las acciones del corporativo terminarían en manos de sus medios hermanos mayores. A lo mucho le dejarían alguna propiedad para sobrevivir, pero jamás le permitirían meterse en los asuntos de la empresa.
¡Y lo que ella necesitaba era poder y un respaldo fuerte para enfrentarse a Brenda Carrillo!
El día del banquete llegó en un abrir y cerrar de ojos. Los Quiroga eran una familia de renombre en Cashland, y el festejado gozaba de un inmenso respeto en el ámbito empresarial.
La residencia estaba decorada con un ambiente de celebración para los setenta años del anfitrión.
La señora de Quiroga, junto a su hija menor, recibía a los invitados en la entrada con una sonrisa radiante.
Le había dado tres hijos a su esposo para al fin lograr desplazar a la primera mujer y casarse legalmente. Aunque entre las damas de sociedad no faltaban los chismes de que era la típica amante interesada, esas cosas pasaban todo el tiempo en esos círculos. ¡Mientras siguiera cruzando esa puerta, ella sería la respetable matriarca de la casa!
Cuando casi todos los invitados ya estaban sentados en el salón principal, un empleado entró para anunciar que el hijo mayor había llegado.
El anciano se apresuró a pedir que lo dejaran pasar.
El recién llegado era el único nieto varón de esa generación, el consentido indiscutible, dueño del diez por ciento de las acciones y director general en la empresa familiar.
Uriel Quiroga, un joven alto de postura erguida entró al salón. Llevaba un traje negro hecho a la medida, tenía un semblante tranquilo y un porte seguro. Se acercó al frente y le entregó un estuche elegante a su abuelo.
—¡Feliz cumpleaños, abuelo! Que cumplas muchos más rodeado de salud y bendiciones.
Al abrir el estuche, descubrió que contenía un juego de ajedrez tallado a mano. El asistente del director se adelantó de inmediato para explicar:
—Señor, el licenciado sabe cuánto le gusta jugar ajedrez, así que mandó hacer estas piezas de ónix y cuarzo desde muy lejos especialmente para usted. Por el material, se mantienen frescas al tacto y tienen un peso perfecto. Esperamos que sean de su agrado.
El anciano no cabía de la felicidad; pidió que guardaran el regalo con cuidado y le indicó a su nieto que tomara asiento.
De pronto, se escucharon exclamaciones de asombro afuera. Todos voltearon al ver entrar a la estrella más famosa del momento, Cindy Quiroga.
Llevaba un vestido largo color rojo intenso y un maquillaje impecable, luciendo tan atractiva como una rosa en todo su esplendor. Había varios reporteros cubriendo el evento, y en cuanto cruzó la puerta, los flashes de las cámaras no dejaron de dispararse.
Ella se acercó sonriendo y le entregó su regalo.
—¡Feliz cumpleaños, abuelito! ¡Que vivas muchísimos años más!
Al desenvolver el obsequio, resultó ser un manual de estrategias de ajedrez de un gran maestro europeo del siglo diecinueve.
—Estuve buscando este libro por tres meses y por fin lo conseguí en una subasta. Ojalá te guste mucho.
El abuelo contestó lleno de entusiasmo.
—¡Me encanta! Muchas gracias, mi niña, anda, siéntate.
Un empresario que estaba sentado cerca comentó:
—¡Qué afortunado es usted, don Abel! Sus nietos son de lo más atentos y agradecidos.
Una dama de la alta sociedad añadió:
—Con un nieto tan capaz es más que suficiente, y encima tienen a una gran estrella en la familia. ¡Son increíbles los Quiroga!
Otra invitada intervino:
—La verdadera afortunada es la señora Mariza, sus hijos son cada vez más exitosos. ¡Y me cuentan que la niña menor también está preciosa!
Al escuchar tantos halagos, la aludida se sintió en la cima del mundo. ¡Ella era la única y legítima señora de la familia!
La hermana menor también estaba insoportable de orgullo. Con unos hermanos tan sobresalientes, esa huérfana inútil que nadie quería no tenía ni la más mínima oportunidad de competir contra ella.
Mientras todos seguían murmurando maravillas, un empleado entró a paso apresurado y anunció:
—La familia Parker acaba de llegar.







