El escándalo atrajo la atención de todos los presentes. Lo único que alcanzaron a ver fue al mismísimo rebelde de la familia Ruffo emergiendo del fondo de la piscina. Su fino atuendo estaba empapado, a la pobre rosa que llevaba en su solapa solo le colgaban dos pétalos marchitos, y el cabello le quedaba pegado al cráneo escurriendo agua. Daba lástima.
El orgullo pisoteado fue más fuerte que sus ganas de volver a trabajar. Señalando con furia a la joven, soltó un grito que se escuchó hasta la en