“Si sigo sin poder comunicarme con Oliver, tendré que ir a buscarlo”, pensó Alina al instante que abrió los ojos.
Llamó a Cristina en voz alta. La puerta se abrió de inmediato; la joven empleada entró y encendió la luz.
—Señorita, qué bueno que ya despertó. Estuvo inconsciente todo un día; nos dio un susto tremendo.
—¿Me quedé dormida un día entero?
Se quedó pensativa unos segundos, hasta que el recuerdo la golpeó: claro, el abuelo había fallecido. En aquel instante en el hospital, habría d