Tito se acercó a ella con una sonrisa traviesa y le susurró.
—¿A poco no cree que nuestro director es increíble?
Alina asintió.
—Sí, es bastante increíble.
Luego se acercó a hacerle otra pregunta al asistente.
—¿Y ustedes se quedan con lo que le quitan a los malos?
Oliver se quedó sin palabras un instante.
—...Señorita, somos una organización oficial. Quedarnos con algo nos ganaría un castigo militar. Por supuesto que entregamos todo.
La joven arrugó la frente con confusión.
—Si es tan