En cuanto ella se quedó quieta, Oliver, sin ninguna consideración, profundizó el beso, hasta que Alina, molesta, le pellizcó la cintura, y solo entonces la soltó. Al final, de muy buen humor, hasta la halagó:
—Muy buena niña.
Alina lo fulminó con la mirada, agarró el disco y se fue corriendo al estudio. Encendió la computadora y reprodujo la grabación de la noche de la cena.
Confirmó que era tal como Sami Ruffo había dicho: subió a toda prisa, entró al cuarto y, al poco rato, salió corriendo