Capítulo 15 Un juego de estrategia

Después de que Alina se fue, Lia seguía dominada por el miedo. Salió corriendo hacia la casa y entró llorando a la habitación de Mariza.

—¡Mamá, mamá, tienes que ayudarme a darle su merecido a la gorda!

La joven lloraba desconsolada, lo que despertó una profunda lástima en su madre.

—Ven, mi niña, ya no llores. Cuéntame, ¿cómo te molestó esa escasa de cerebro esta vez?

Mariza ayudó a su preciada hija a levantarse.

Entre sollozos, Lia le explicó a tropezones cómo había contratado gente para fast
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