Al día siguiente. Alina se levantó un poco tarde porque la noche anterior había sido demasiado agotadora. Se sentó en la cama, se frotó el cabello y de pronto recordó que, en medio de la madrugada, Oliver la había llamado.
Ese hombre era muy misterioso. Marcó, dijo un par de cosas y colgó. Quién sabe qué pasaba por su cabeza.
Se lavó, bajó las escaleras y se sentó a la mesa. Hoy don Abel también había ido a desayunar con ellos.
Lia la vio bajar sin un solo rasguño y se quedó boquiabierta. Era i