Al día siguiente, cuando Oliver fue despertando poco a poco, movió los dedos y rozó algo suavecito. Giró la cabeza para mirar: Alina estaba recostada al borde de su cama, dormida profundamente.
Le tenía tomada la mano y la había puesto bajo su mejilla. Oliver movió los dedos para retirarla y Alina despertó. Se enderezó, se frotó los ojos y, al cruzar la mirada con la de Oliver, dijo con alegría:
—¡¿Ya despertaste?!
Oliver asintió. Alina estiró la mano y le tocó la frente.
—Ya te bajó la fie