Cuando Oliver salió con la bata puesta, Alina ya no estaba en la habitación. Al recordar lo sonrojada que se había puesto un momento antes, sonrió. La puerta volvió a abrirse. Alina entró con una charola de comida, la dejó sobre la mesa sin levantar la mirada y salió huyendo, cerrando de un portazo.
Oliver no supo ni qué pensar. En la charola había un plato de avena y otro con caldo de pollo. Seguramente Luca había indicado que necesitaba comer suave, y por eso el hotel preparó así su alimento