Oliver entrecerró los ojos. Sabía perfectamente que Cheeto no era un hombre ordinario: sin identidad registrada, sin documentos y con una capacidad de combate que muy pocos lograban igualar.
Pero, en ese instante, no tenía tiempo para detenerse a pensar en ello. Su única prioridad era descubrir quién se había llevado a Alina.
Los autos se adentraron en el fraccionamiento. Al ser una zona residencial pequeña, se dieron a la tarea de avanzar de casa en casa, buscando desesperadamente el rastro