Capítulo 128 No tengas miedo

Alina se sobresaltó. ¿Oliver estaba despierto? Antes de que pudiera girarse, un tirón la arrastró de vuelta a la cama. La acorraló bajo su cuerpo, clavando en ella una mirada intensa y directa.

—Ali, dímelo.

—No tengo nada que decirte.

Oliver hundió el rostro en el hueco de su cuello. Su cálido aliento, impregnado de alcohol, acarició su piel. En un susurro ronco, confesó:

—Ali, voy a protegerte. Hagas lo que hagas…

El roce de esa voz rasposa contra su oído destrozó sus barreras. Las lágri
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