Alina soltó una carcajada tan fuerte que derramó un poco de champaña. Dejó la copa sobre una mesa antes de contestar.
—Ay, disculpen. Nunca me había tocado ver a alguien tan egocéntrico. Bueno, corrijo, son dos. Hacen una pareja perfecta.
Lia la fulminó con la mirada.
—¿Qué estupideces dices?
Alina se frotó las mejillas de tanto reír.
—¿En serio crees que te envidio? Eres promedio en todo: tu cara, tu cuerpo y tu inteligencia. ¿Qué te voy a envidiar? Y en cuanto a usted, a lo mejor sí me gustab