Sami Santori no le quitaba los ojos de encima a Alina. Conocía a muchas modelos y actrices novatas, pero ninguna tenía la belleza de aquella joven. Sus facciones eran delicadas; cada vez que hablaba, desbordaba encanto. Incluso en medio de esa guerra de palabras con la protagonista del evento, lucía llena de vida. Su vestido ajustado dejaba los hombros al descubierto y marcaba una cintura tan fina que despertaba todo tipo de fantasías. Las tres hermanas Quiroga eran espectaculares, cada una a s