Al tercer día, Abel llegó a Novopolis. Alina fue a recogerlo al aeropuerto y lo acompañó a comer en casa. El abuelo intentó sacarle información sobre Oliver de manera sutil, pero ella estaba decidida a no decir ni una sola palabra al respecto.
Desde que se había mudado, él no la había buscado. Ni una llamada, ni un mensaje, nada. Parecía que ambos estaban en una especie de guerra silenciosa; no se comunicaban y cada uno lidiaba con su propio enojo.
Tito llevaba un par de días siguiendo a su jef