Mundo de ficçãoIniciar sessãoRYAN
Las puertas se abrieron… y el silencio lo llenó todo.
Jaden dominaba el espacio que ocupaba, enmarcado en la entrada del salón del trono, su figura recortada bajo el arco. Turtela permanecía detrás de él, como una sombra silenciosa, observándolo todo.
Mi niña…
Tan sabia para su edad.
Tan equilibrada, como su madre.
Hailey había temido que nadie la quisiera.
Qué tontería.
Nadie podría no amar a Turtela.
La conocías… y la querías.
Pero Jaden…
Jaden ya no era el bebé indefenso que nos vimos obligados a abandonar.
Ahora era un hombre.
Su rostro era impenetrable.
Duro.
Fuerte.
Sabía que debía hablar.
Intervenir.
Mantener la paz.
Pero no podía.
La visión de mi hijo… hizo que mi corazón, ya herido por guerras y traiciones, se contrajera con una fuerza dolorosa.
Mi hijo.
Los dedos de Hailey se clavaron en mi palma, anclándome.
Cuando giré hacia ella…
Parecía pequeña.
Por primera vez en años.
Mi compañera.
Mi reina.
Aplastada por el peso de este momento.
Había esperado esto durante dieciocho años.
Nos habíamos preparado.
Pero nada…
Nada podía prepararte para esto.
Jaden no se movió.
Sus ojos dorados analizaban.
Calculaban.
Su postura… tensa.
Lista.
Como un lobo a punto de atacar.
Y entonces…
Sus ojos se fijaron en Hailey.
Y algo dentro de él se rompió.
—Tiene mucho que responder, Su Majestad —dijo.
Luego hizo una reverencia.
Burlona.
El jadeo de Hailey fue el único sonido.
Apreté su mano con más fuerza, como si pudiera evitar que se desmoronara.
Sabía que esto pasaría.
Lo esperaba.
Pero saberlo no hacía que doliera menos.
El salón entero contenía la respiración.
Nobles.
Guardias.
Consejeros.
Todos observando… como si presenciaran una ejecución.
Pero Hailey no retrocedió.
No tembló.
No se quebró.
Aunque yo sentí el estremecimiento en su cuerpo.
—Jaden… —susurró—. Bienvenido a casa.
Él sonrió.
Una sonrisa torcida.
—¿Tenía opción?
El golpe fue brutal.
Mi lobo gruñó dentro de mí.
Quería intervenir.
Pero esto…
Esto era entre ellos.
—Claro que sí —susurró ella—. Eres mi hijo.
Jaden soltó una risa sin humor.
—¿Lo soy?
El aire se volvió pesado cuando avanzó.
—Porque desde donde estoy… solo veo a una mujer que entregó a sus hijos como piezas de ajedrez.
Gruñí.
—Basta.
Jaden me miró.
Imperturbable.
—¿O qué? ¿Me vas a abandonar otra vez?
Mi mandíbula se tensó.
Nos estaba poniendo a prueba.
Y esta vez…
No fallaría.
Hailey dio otro paso.
Extendió la mano.
—Jaden, por favor—
Él retrocedió como si lo hubiera golpeado.
—No me toques.
Ella bajó la mano lentamente.
—Crees que te abandoné…
Jaden soltó una carcajada.
—¿No lo hiciste?
Hailey respiró hondo.
—Hice lo que tenía que hacer.
Sus ojos brillaron en oro.
—Sí. Elegiste.
Mis uñas se clavaron en mi palma.
No entendía.
No podía entender.
Las noches.
Las lágrimas.
El dolor.
Para él…
Ella solo era una reina que eligió el poder sobre sus hijos.
—Siempre estuviste destinado a volver —susurró Hailey.
—¿Y tardaste dieciocho años en darte cuenta?
Eso la rompió.
Lo vi.
En su respiración.
En sus labios temblorosos.
Mi calma se quebró.
—Basta —gruñí, avanzando y colocándome entre ellos.
Cuando Jaden me miró…
Lo vi.
Por primera vez.
No solo rabia.
Dolor.
Profundo.
Sangrante.
—Puedes estar enfadado —dije con voz firme—. Pero no le hablarás así a tu madre.
Apretó la mandíbula.
—Para mí no es más que la reina.
El aire abandonó el pecho de Hailey.
Sus manos temblaron.
Y mi lobo…
Estalló.
Lo agarré del cuello de la camisa y lo estampé contra una columna de mármol.
El salón explotó en murmullos.
No me importó.
—Dilo otra vez —gruñí.
Jaden me miró.
Sin miedo.
Sin retroceder.
—Ella… no es… nada… para mí.
El rugido que salió de mi pecho hizo temblar el salón.
Turtela intentó intervenir, pero Hailey la detuvo.
Jaden no se movió.
No retrocedió.
La mano de Hailey en mi brazo me detuvo.
—Ryan… por favor…
Lo solté.
Respiré.
Me controlé… por ella.
Jaden se arregló la ropa, como si nada hubiera pasado.
—¿De verdad creen que pueden llamarme de vuelta y fingir que somos una familia?
Su voz ahora era más baja.
Más peligrosa.
—¿Creen que pueden borrar dieciocho años?
Hailey respiró con dificultad.
—No quiero borrar nada.
Él la miró.
—Entonces, ¿qué quieres?
Su voz se quebró.
—Repararlo.
Jaden la observó.
En silencio.
Y luego…
Se echó a reír.
Una risa amarga.
Vacía.
—No puedes reparar algo que nunca estuvo completo.
Se dio la vuelta.
Y caminó hacia la salida.
—¡Jaden! —gritó Hailey.
No se detuvo.
Ni miró atrás.
Turtela abrazó a su madre… y luego corrió tras él.
Las puertas se cerraron con un golpe.
El salón quedó en silencio.
Hailey temblaba.
Cuando me acerqué…
Dio un paso atrás.
Como si el dolor fuera demasiado.
Me atravesó el pecho.
Había fallado.
No pude protegerla de esto.
Y mientras el peso de todo caía sobre mí…
Lo entendí.
Una verdad fría.
Cruel.
Volver a ser una familia…
Sería casi imposible.
Pero no teníamos opción.
Tendríamos que reconstruirlo todo.
Pedazo a pedazo.







