Mientras el mensaje había dejado a todos con el peso de la tensión, la música aumentaba en olas suaves, como un mar que finge calma antes de romperse contra las rocas. Manhattan brillaba a través de los ventanales, indiferente, inmenso… y, sin embargo, Isabella sentía que el mundo entero le latía encima del esternón.
Nick alertaba a Carter y Arthur, Giorgio a unos metros, impecable, tranquilo, pero sus ojos esos ojos que siempre la encontraban en cualquier multitud la estaban buscando incluso a