Esa noche, vistió un vestido negro que fluía con cada movimiento. Nick la esperaba en el lobby, con una sonrisa que iluminó su rostro al verla.
El club era una explosión de energía latina: luces vibrantes, música contagiosa y parejas moviéndose con gracia en la pista. Bebieron mojitos, rieron y bailaron hasta que el sudor les brillaba en la piel. Nic, para sorpresa de Isabella, resultó ser un bailarín excepcional.
— ¡Me guardaste este secreto! —gritó ella sobre la música, mientras él la giraba