Después del almuerzo, ambos dejaron el hotel. En cada una de las tiendas visitadas, Isabella se sumergía en los detalles: examinaba filtros, preguntaba sobre los sistemas de soporte vital, elegía las rocas porosas que servirían de refugio a los peces. Giorgio y Sebastián nunca se alejaban más de tres metros, sus miradas escudriñando cada rincón. Andrew, un hombre corpulento y silencioso, cargaba las compras con eficiencia.
—Esa bomba es más silenciosa —señaló Strauss en la tercera tienda—. Vald