El silencio post-coital, ese refugio sagrado que habían construido con pétalos de rosa y promesas susurradas, se hizo añicos con la vibración insistente y metálica de un teléfono sobre la madera del suelo. Nick, con los sentidos todavía embotados por el aroma de Isabella, estiró un brazo musculoso y alcanzó el dispositivo. La luz de la pantalla iluminó sus facciones endurecidas, revelando una expresión que pasó de la calma a una furia gélida en menos de un segundo.
El mensaje de Rocco era una s