…Al separarse, Isabella tenía las mejillas encendidas. Él la miró con ternura.
—No me canso de amar cuando te sonrojas así…
Ella no respondió. Solo lo abrazó fuerte. Permanecieron así, con el eco de la película de fondo, el aroma de las palomitas flotando en el aire y la sensación de que esa tarde ya no era una más… Era el inicio de algo que ninguno de los dos sabría nombrar.
En el corazón de Manhattan, el apartamento de Nick dejó de ser un simple refugio. Por unas horas, fue un hogar sin etiqu