1:25 a.m. – Mansión Moretti, Long Island…
La noche ya no era noche.
Era una amenaza.
Y el camino de regreso a casa… parecía eterno.
El auto frenó frente a las rejas de la mansión. Giorgio no esperó a que el guardia abriera: activó el protocolo de emergencia y las puertas se deslizaron con un sonido seco.
Sebastián, con el rostro endurecido, bajó primero y corrió a rodear el ala este. Charly descendió del otro auto y abrió la puerta trasera.
—Isa, Alessa, vamos. Ya están esperando.
Isabella bajó