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Capítulo 6: Técnicamente nunca cortamos

El lugar era una mezcla extraña entre bar y antro, como si no terminara de decidir qué quería ser y hubiera optado por ser ambas cosas a la vez.

Al entrar, lo primero que llamaba la atención era la iluminación: luces cálidas sobre las mesas y una penumbra más densa hacia el fondo, donde la música latía con más fuerza. Las paredes oscuras absorbían el sonido, apenas interrumpidas por tiras de neón que marcaban el ritmo de la noche.

A un costado se extendía la zona de mesas. Sillas de madera oscura, algunas altas con banquetas y otras bajas, más cómodas, rodeaban mesas manchadas de uso y risas viejas. Desde ahí se podía comer sin sentir que estabas fuera de la noche, con platos simples, cerveza fría y vasos que nunca parecían vacíos del todo.

La barra ocupaba un lugar central, larga, iluminada desde abajo, con botellas alineadas como si fueran parte del decorado. El olor a alcohol, cítricos y algo frito se mezclaba con el perfume de la gente.

Más al fondo, la pista de baile se abría de golpe. El piso vibraba con cada bajo, las luces se movían sin pedir permiso y los cuerpos se apretaban sin demasiadas explicaciones. No era enorme, pero estaba siempre llena, como si el espacio se adaptara a quienes necesitaban moverse.

Nosotros nos dirigimos a las mesas. Me senté entre Cade y Wyatt, frente a Keydan, quien estaba al lado de Milena, Theo y Ashley. Cloe, por su parte, se había acomodado del otro lado de Cade.

Odiaba estar frente a Milena y Keydan, no podía apartar la mirada de ellos, la forma en la que ella apoyó el brazo en el respaldo de su silla. Se inclinó apenas hacia él, antes de dirigirse hacia mi.

—Qué lindo verte descansar por fin.

—Gracias.

Milena sonrió mientras apoyaba la cabeza en el hombro de Keydan, inmediatamente aparté la mirada y apreté los dedos contra la mesa.

—¿Qué se te antoja, Ay? —murmuró Wyatt acercando la carta—. Yo invito.

Por supuesto que no iba a dejar que me pagara la comida, pero agradecí que me diera algo con lo que distraerme, asi que empezamos a husmear la carta.

—¿Qué se supone que es una mosntruoburger? —cuestioné frunciendo el ceño.

—No sé, pero suena delicioso.

—Suena calórico —interrumpió Cloe arrugando la nariz, haciéndonos reír.

Cloe y Wyatt empezaron a discutir cuando algo llamó mi atención y no pude evitar chillar de alegría.

—Papas, definitivamente queremos papas —chillé tirando de la camiseta de Wyatt casi sin darme cuenta. Él rió.

— No creo haber visto a otra persona ponerse tan feliz por unas papas.

Sentí mis mejillas enrojecerse de la vergüenza y me aclaré la garganta. Afortunadamente nadie más pareció notarlo, ya que todos parecieron haberle prestado atención a Milena y su familiaridad para con Keydan.

—Bueno —dijo Theo de repente, apoyando los codos en la mesa—, si van a seguir así, por lo menos consíganse un hotel.

El silencio cayó como un golpe seco.

Milena soltó una risa exagerada. Keydan giró la cabeza hacia Theo con el ceño fruncido.

—¿Qué dices? —gruñó.

Theo alzó las manos inocente. Intenté ignorarlos, volviendo a posar mi vista en Wyatt, quien estaba alzando los ojos del menú.

—Entonces papas y ¿Que? ¿Una cerveza?

Antes de que pudiera responder, la voz de Keydan se metió entre nosotros.

—Ella no toma alcohol.

Lo miré y algo se encendió dentro de mi, me molestaba que me conociera, que me recordaba.

—En realidad —dije despacio—, me gustaría probar.

Keydan parpadeó, sorprendido.

—Ayla —su tono de padre enfadado me molestó.

—No pasa nada —agregué con una sonrisa desafiante—. Es solo una cerveza.

Wyatt me dedicó una sonrisa ladeada, él lo entendía perfectamente todo. Se levantó primero, empujando apenas la silla hacia atrás con la rodilla.

—Voy a pedir —dijo, como si fuera una excusa simple—. ¿Vienes conmigo?

Asentí antes de pensarlo demasiado. Cualquier cosa era mejor que seguir sentada frente a Milena y Keydan, midiendo sus acciones cuando no me correspondía. Me deslicé fuera de la mesa y lo seguí entre la gente, sintiendo cómo el ruido cambiaba de textura a cada paso.

A medida que nos acercábamos a la barra, el murmullo se volvía más denso. El olor a alcohol se hacía más evidente, mezclado con cítricos y algo caliente que no supe identificar. Wyatt caminaba a mi lado sin tocarme, pero lo suficientemente cerca como para que no me perdiera entre cuerpos que iban y venían sin pedir permiso.

La barra brillaba con una luz baja que nacía desde abajo, iluminando botellas alineadas como soldados de vidrio. El bartender se movía rápido, con los antebrazos tensos, sirviendo tragos sin demasiadas palabras. Wyatt apoyó un codo sobre la madera oscura, inclinándose apenas hacia mí para hablarme sin gritar y empujó una hacia mí.

—Probá —dijo—. A ver qué te parece.

La tomé con cuidado, como si me emborrachara automáticamente. Di un sorbo chico y no pude evitar fruncir la nariz.

—Es rara.

Wyatt sonrió.

—Eso es un no.

—No sé —dudé, dándole otro sorbo—, tampoco es horrible.

bebí otro poco, el amargor me recorrió la lengua lentamente, distinto a todo.

—Nunca me gustó el alcohol —agregué—. Mamá bebía cuando las cosas se ponían feas. Supongo que asocié una cosa con la otra.

Wyatt no dijo nada por un segundo.

—Tiene sentido —respondió al final—. Igual no tienes que beber.

—Lo sé —dije—. Solamente quería probar.

—Bien —asintió chocando su bebida con la mía a modo de brindis—. Ahora vamos con lo importante.

—¿Y qué es?

—¿Qué pasa entre tú y Keydan?

Me atraganté con mi bebida.

—No sé de que hablas.

—Esa reacción lo dijo todo, Ayla —se rió pasandome una servilleta—. Keydan lo hace casi tan obvio como tú, pero se los dejaré pasar hasta que quieras hablar del tema.

Le di una sonrisa agradecida, y nos quedamos ahí un rato más, hablando de nada, de la música, de lo lleno que estaba el lugar. Cuando volvimos a la mesa, las voces nos llegaron antes que las caras.

—No me gusta —decía Keydan, en voz baja pero tensa—. No tendría que estar tomando.

—Amigo —respondió Cade con los ojos en blanco—, es una cerveza.

—No es por eso.

—Entonces ¿por qué? —insistió Cade con fastidio—. Es grande, no está haciendo nada malo. No sos su papá ni su novio, ¿Verdad?

Me quedé quieta un segundo, con la botella todavía en la mano. El silencio que siguió fue incómodo, cuando me vieron, las miradas se desviaron rápido. Keydan no dijo nada, pero su mandíbula estaba tensa, como si estuviera peleando una discusión que no parecía ganar, pero no quería soltar.

—Igual —dijo Milena, rompiendo el silencio con una sonrisa liviana—, está con Wyatt. Él siempre se cuida bien.

Wyatt levantó la cerveza, incómodo, mientras nos acomodamos en nuestro lugar.

—Estábamos en la barra, nada más.

—Por eso —insistió ella, apoyando el codo sobre la mesa, apenas más cerca de Keydan—. Con Wyatt no hay problema. Es responsable.

—¿Desde cuándo sos tan protector? —bromeó Theo, como si no estuviera pinchando justo donde dolía.

Keydan apretó la mandíbula.

—No estoy siendo protector.

—Ajá —Theo sonrió—. Claro.

Wyatt me miró de reojo, como pidiéndome disculpas por algo que no había hecho. Si sospechaba de algo, ahora era ridículamente obvio gracias a Keydan.

La música cambió de golpe. Más alta. Más rápida. Uno de esos temas que no te pregunta si querés moverte, simplemente te empuja. Theo fue el primero en levantarse.

—Vamos, no sean aburridos —dijo, estirándole la mano a Ashley—. Bailar no mata a nadie.

Wyatt dudó medio segundo antes de aceptar. Cade se negó a bailar. Acompañando a Keydan, por lo que fui arrastrada por Cloe en su lugar, Ashley se rió y Milena se levantó también, tirando de Keydan del brazo una vez más.

—Vamos —le dijo—. No seas viejo. Keydan negó con la cabeza divertido. —Después.

Al principio me sentía… rara, luego empecé a imitar a Cloe y a aceptar de su cerveza, volviéndome cada vez más liviana. El alcohol no me había pegado fuerte, pero sí distinto. Como si todo estuviera apenas desenfocado. No me di cuenta de cuánto tiempo pasó hasta que Cloe quiso comprobar que Cade no se estuviera aburriendo. Ella se sentó junto a mi hermano y yo me quedó más remedio qué sentarme junto a él. Keydan. Sirvió un vaso de algo y lo dejó sobre la mesa, empujándolo hacia mí.

—Tomá.

—¿Qué es?

—Agua.

Alcé la vista hacia él.

—No me siento mal.

—No dije que sí —respondió—. Pero tomá igual. Hace que no te deshidrates con tanto alcohol.

Había estado observándome. No hacía falta que lo dijera. Tomé el vaso y di un sorbo largo.

—Gracias.

Asintió, apoyándose contra la mesa, con los brazos cruzados. La música vibraba en el piso. Desde ahí, podía verlo mirar hacia la pista… y volver a mí. Una y otra vez. Entonces pasó.

—¿Bailás?

Levanté la cabeza. Un chico que no conocía, sonrisa fácil, remera oscura.

—Eh… —miré alrededor, buscando una excusa.

—Vamos —insistió—. Será solo una canción.

No llegué a responder.

—Está con alguien.

La voz de Keydan fue firme. Clara. El chico lo miró, confundido.

—¿Perdón?

Keydan se puso de pie y dio un paso al frente. Lo justo y necesario para verse increíblemente imponente.

—Dije que está conmigo —repitió, alzando la barbilla retador—; Es mi novia.

El mundo se detuvo medio segundo.

—Ah —el chico levantó las manos—. Todo bien, hermano. Disculpá.

Se fue sin más. Yo seguía sentada, con el vaso de agua entre las manos y con el corazón golpeándome demasiado fuerte para alguien que no era su novia.

—Keydan… —murmuré. Me miró por primera vez en toda la noche.

—¿Querías bailar con él?

Negué rápido.

—No.

—Bien —habló satisfecho.

—Solamente me sorprendió que puedas mentir con tanta naturalidad —solté antes de pensarlo.

Se volteó a verme, con cierta intensidad nueva, pero familiar.

—No mentí —habló acercándose lo suficiente para que solo yo lo escuche—. Técnicamente nunca cortamos, cielo.

La palabra cielo me atravesó como un golpe bajo.

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