Capitulo 84: La apuesta.
Sentí el piso frío y húmedo debajo de mis manos y a través de mi ropa. El dolor se instaló en mi muslo derecho y probablemente acabaría con un moratón enorme ahí. Pero ninguna de esas sensaciones se comparaban con el pánico creciente en mi interior.
Demian estaba ahí, con sus ojos brillando perversamente y una sonrisa divertida en su rostro, mirandome como si no fuera mucho más que un juguete.
—¿Qué quieres? —murmuré asustada.
—Acompáñame y verás —dijo tendiendome su mano.
—No soy tan idiota p