Luego de lo que pareció una eternidad Demian regresó. Me arrastró consigo y en silencio a través de los pasillos descascarados y llenos de graffitis. Luego de subir uno o dos pisos llegamos a lo que parecía ser un vestuario. Me sorprendió ver lo arreglado que estaba. La pintura blanca se veía reluciente e impecable, al igual que los pisos recientemente trapeador, el olor a lavanda del desinfectante me golpeó fuerte.
—Faltan algunas horas —dijo Demian dejándome en el centro de la habitación—. No