Capítulo 5: La intrusa

Cuando volvimos, el departamento estaba demasiado silencioso.

Cerré la puerta con cuidado, como si hubiera hecho algo mal. Dejé la mochila sobre la silla y recién ahí los vi: Cade apoyado contra la mesada junto a Cloe, los brazos cruzados; Wyatt sentado, rígido; Theo de pie junto a la ventana. Milena pegada a Keydan… y Keydan mirándome como si hubiera contado cada minuto.

—¿Dónde estabas? —preguntó Cade.

No fue enojo. Fue otra cosa que lo logré descifrar, algo peor.

—Buscando trabajo.

—¿Desapareciste durante horas para eso? —saltó Keydan, la voz tensa—. ¿Te parece normal?

Fruncí el ceño, desconcertada. De hecho, sí, me parecía normal.

—Sí. Fui a caminar, vi un cartel de se busca empleado y yo.

—Sin avisar —agregó Cade interrumpiendome—. Ayla, no es una ciudad chica.

—No soy una niña.

Las palabras salieron antes de que pudiera frenarlas. El ambiente se tensó al instante.

Keydan dio un paso al frente.

—No tenías que hacerlo —dijo—. No tenías que irte así. Si es por plata, no te preocupes. Para eso estamos Cade y yo.

Asentí despacio, como si considerara la idea.

Por dentro, algo se cerró.

No voy a construir mi estabilidad económica sobre dos chicos que ya una vez se fueron sin mirar atrás.

Pero no lo dije así.

—Gracias —respondí, más suave—. De verdad. Pero no.

Cade abrió la boca para protestar, pero levanté la mano con cuidado.

—Trabajo desde los dieciséis —continué—. No es algo que pueda apagar de un día para el otro. No me siento cómoda dependiendo de nadie.

Mi mirada pasó por Cade. Después volvió a Keydan.

—Y menos ahora.

No hubo reproche en mi voz. Solo un límite.

Keydan apretó la mandíbula. No parecía enojado. Parecía frustrado. Como si quisiera discutir algo que no encontraba cómo decir.

—Podías habernos dicho —murmuró.

—No pensé que fuera un problema el querer trabajar —contesté, sincera, pero con cierto hastío.

—No sé por qué se estresan, está trabajando conmigo —habló Ashley por fin.

—Eso me interesa —intervino Wyatt desde la cocina, con un tono tranquilo pero firme, luego agregó guiñandome un ojo—. Necesito ayuda en la cocina, Ayla ¿Por qué no me cuentas mientras sobre ese trabajo?

Keydan lo miró, molesto.

—No terminé.

—Yo sí —dijo Wyatt, encendiendo una hornalla—. Además, quiero saber de qué va ese trabajo.

—No alimentes ésto, Wyatt.

Keydan dio un paso al frente, yo también.

—¿Alimentar qué? —ataque con el ceño fruncido—. ¿Mi independencia?

—Oigan, ¡ya basta! —la voz de Cade cortó el aire como un látigo, obligándonos a separarnos—. Llevan menos de cuarenta y ocho horas bajo el mismo techo y ya siento que el oxígeno se acaba cuando están en la misma habitación.

Miré a mi hermano. Tenía el ceño fruncido y nos observaba con una mezcla de cansancio y una chispa de algo que no supe identificar.

—¿Qué quieres decir? —espetó Keydan, sin quitarme los ojos de encima.

—Que si van a seguir mirándose como si quisieran matarse o... —Cade hizo una pausa deliberada, recorriéndonos a ambos con la mirada— ...dios sabe qué. Me avisen porque me agotan.

—Pensé que estábamos en la misma página, Cade —gruñó Keydan volteando al pelinegro.

—Yo solo la quiero ver bien, hermano —bufó cansado—. Si esta estúpida cafetería le hace bien está bien para mí.

El silencio volvió a acomodarse, distinto esta vez. Menos filoso.

Me miraron los dos.

—De acuerdo, no lo apruebo pero ganaste, Gremlin —murmuró alzando las manos en paz.

—Es una cafetería, la misma donde trabaja Ashley, es poco más de medio tiempo, pero está muy bien para empezar.

Wyatt sonrió, como si eso fuera exactamente lo que necesitaba escuchar.

—Perfecto —dijo—. Entonces vas a necesitar comer bien.

Tomó un cuchillo y empezó a cortar verduras, como si todo estuviera bajo control. Cade soltó el aire que venía conteniendo y Theo se acercó a besar a Ashley en modo de saludo. Keydan no se movió de inmediato, me sostuvo la mirada un segundo más. No había enojo ahí. Había cosas sin decir.

Después, finalmente, se dio la vuelta y fue hacia su habitación.

A la mañana siguiente me desperté antes de que sonara el celular. La casa estaba en silencio, ese silencio raro que no es cómodo pero tampoco hostil. Me vestí despacio, intentando no hacer ruido, y fui hasta la cocina con la mochila colgándome de un hombro.

Había dejado una nota mental de agradecerle a Wyatt por la cena. De decirle a Cade que no se preocupara. De evitar a Keydan. Esto último venía a que había omitido algo de información, como que entraba al trabajo antes que Ashley, no me molestaba porque agradezco estar ocupada y fuera de casa.

No llegué a hacer nada de eso. Me detuve en seco cuando escuché la voz de Milena, no porque me interesara husmear, sino porque oí decir mi nombre.

No estaba hablando fuerte. Tampoco se estaba escondiendo.

Era una de esas charlas normales que no se supone que alguien más oiga.

—Igual, hablando en serio —decía—, si Ayla se va a quedar… en algún momento va a tener que poner algo para los gastos.

—¿Por? —respondió Ashley, con tono distraído—. Cade y Keydan son los que basicamente mantienen la casa. Cade es su hermano y Keyland parece tenerle un cariño especial de todos modos.

—Sí, pero no es eso —Milena suspiró—. Es incómodo. No me gusta sentir que alguien vive de prestado.

Sentí que el aire se me iba del pecho.

—Además —agregó—, no es una nena. Puede trabajar.

Ashley dudó.

—Keydan no parece querer que trabaje.

Milena rió suave.

—Keydan no quiere muchas cosas. Igual después se acostumbra, yo lo puedo convencer.

No escuché más. No porque dejaran de hablar, sino porque ya había entendido todo lo que necesitaba entender.

..................

La cafetería olía a café recién hecho y a pan caliente. Me gustó eso. Me hizo sentir menos perdida.

El delantal marrón, simple, me daba una sensación extraña: casi como estar en casa.

—Te adaptás bien —comentó Tyler mientras limpiábamos antes de abrir—. Se nota que ya trabajaste antes.

Asentí.

—¿Viste? No mentía —bromeé, trapeando el piso.

—No voy a mentirte —rió—. Pensé que no tenías experiencia.

—No tienes nada de qué preocuparte.

Seguimos limpiando hasta que llegó Ashley y abrimos.

A pesar de la conversación que había oído, ella se mostró encantadora, y eso hizo imposible odiarla.

Además, estaba feliz.

Tenía trabajo.

Tenía una rutina.

Y por primera vez en mucho tiempo, sentía que mi vida empezaba a recuperar un poco de ese orden que tanto amaba y que había perdido. Aunque aun extrañaba mi granja y a mamá.

Los días fueron pasando poco a poco, me iba temprano a trabajar y casi sin darme cuenta estaba haciendo horas extras, porque nadie más quería hacerlas a excepción de mi que no tenía más que un sillón, así que trabajar parecía buena idea. Tyler lo agradeció, muchas veces, e incluso empezamos a hacernos amigos. Por eso ahora me regañaba con tanta confianza frente a una curiosa y divertida Ashley.

—Lo digo enserio, Niña, no es normal que estes trabajando tanto.

—Me gusta mi trabajo.

—Y a mi me gustan mis empleados sanos y descansados —volvió a gruñir cariñosamente antes de voltear a Ashley—. Hazme el favor de llevársela a casa, obligala a descansar o hacer algo que hacen los jóvenes. Ir a un bar, divertirse, algo de ese estilo.

—¿Jóvenes? Si no eres tan grande, abuelo —se burló Ashley antes de enganchar su brazo con el mío—. Pero ya escuchaste al jefe, hay que divertirse y descansar.

—No necesito descansar.

—Necesitas emborracharte y dormir más de cuatro horas —bufó arrastrándome a la salida—. ¡Nos vemos el lunes, Ty!

—¿Cual lunes, Ashley? —indicó frunciendo el ceño—. ¡Tu si debes trabajar medio turno el domingo!

Ashley fingió no oirlo mientras cerraba la puerta y textear algo en su celular.

—Listo. Ésta noche saldremos.

Ashley entró gritando que íbamos a salir a beber y luego a bailar. Nadie pareció disgustado con la idea. Ni siquiera Kayden, quien no parecía un chico que iba a bailar, o Wyatt, quien no parecía el tipo de chico que se alcoholizaba. Pero ahí estaban todos sorprendiéndome.

Wyatt me dio algo de comer y dijo que debía descansar, ya que íbamos a estar fuera durante toda la noche, casi todos fueron a dormir. Me di una ducha reparadora y volvó a la sala, donde estaba Milena quien se había levantado tarde y se encontraba hablando por teléfono donde se suponía que yo iba a dormir.

No pude pedirle que se vaya, despues de todo era su casa, no la mía, así que simplemente me quedé sentada en la mesa del comedor hasta que vi a Wyatt entrando por el balcón, me había dicho que arriba de nosotros había una piscina privada y le gustaba nadar.

—¿Qué haces que no estas durmiendo, pequeña Ayla? —cuestionó mientras se secaba el cabello.

—Mi cama está cumpliendo su función de objeto social —murmuré señalando el sofá donde se encontraba Milena Texteando.

Wyatt frunció el ceño antes de tomar mi mano y arrastrarme en dirección al pasillo.

—Escucha, no lo ofrecí antes porque no quería parecer raro —habla abriendo la puerta de lo que creo que es su habitación—. Pero siempre que quieras puedes dormir aquí.

La habitación estaba oscura, con las persianas bajas, olía a colonia y se veía bastante limpio, reflejaba a Wyatt a la perfección. Pilas de fotocopias y libros de estudios sobre su escritorio, una cama deshecha, pero ninguna prenda de vestir dando vueltas por ahí. Me quedé en la puerta mientras veía al rubio sacar la cama debajo de la suya y luego armarla.

—Puedes dormir aquí, si no te molesta, de todos modos yo voy a ducharme.

Dudé, no quería invadir el espacio de Wyatt, pero me sentía bastante cansada después de dormir alrededor de cuatro o cinco horas por día. El rubio pareció verme dudosa ya que tomó mi mano y me empujó al centro de la habitación mientras iba al ropero.

—No le tomes tanta importancia, Ayla, solo duerme.

Finalmente le hice caso, y no me arrepentí. Fue increíble recostarme en una cama nuevamente, estaba mullida y entré a la perfección sin preocuparme por moverme y acabar en el suelo. Así que cuando me desperté unas horas más tarde, estaba más que renovada.

Me estiré y no encontré a Wyatt, así que simplemente salí al pasillo. Cuando me acerqué escuché la voz de Cade.

—¿Dónde está Ayla?

—Durmiendo en mi habitación —murmuró Wyatt sin apartar la mirada de la televisión mientras se estiraba.

El silencio se hizo presente mientras todos giraban en dirección a Wyatt. Keydan fue el siguiente en hablar.

—Explícame por qué duerme en tu habitación.

Quise intervenir, pero ver la espalda tensa de Keydan mientras se acercaba peligrosamente aun distraído Wyatt me preocupó, o al menos hasta que vi el brillo divertido en los ojos de Wyatt, estaba disfrutando ponerlo de mal humor.

—Estaba agotada, así que la dejé dormir.

—¿Agotada?

—La chica trabaja mucho, come poco y duerme en un sillón, Keydan —volteó a verlo con fastidio—: ¿Qué esperas?

—La chica está bien, pero agradece que le prestes tu cama, Wyatt —hablé irrumpiendo el clima tenso entre ambos.

—La chica puede usarla cuando guste —indicó guiñandome un ojo antes de levantarse—. Bien, voy a cambiarme, ya estoy saboreando esas cervezas.

—¡Sí, tenemos que prepararnos para salir!

Ashley y Cloe me arrastraron por el pasillo con entusiasmo, y yo solamente puedo pensar en que será una noche larga.

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