—No vamos a tener esta conversación ahora, Keydan.
—Es grandioso porque no hay nada que conversar, es un hecho.
—Eso no es cierto —solté más dura de lo que quisiera—. Te fuiste.
Sus ojos bajaron a mis labios apenas un segundo antes de volver a los míos.
—Ayla, me fui, pero no te dejé.
Me reí sin humor. No respondí, en su lugar le di un sorbo a mi bebida. Esta vez, no tenía cómo responder sin que todo se volviera un caos o terminara llorando.
Desde la mesa, Theo silbó fuerte. No esto