El sonido de pasos pesados en la terraza y quejas me obligó a voltearme. Cade y Theo aparecieron jadeando, cargando un colchón matrimonial que parecía excesivamente grande para mi pequeño anexo.
—¿Dónde lo ponemos? —logró decir Theo, rojo por el esfuerzo y entre jadeos.
—Ahí —señaló Keydan hacia un costado, sin siquiera mirarlos, concentrado en un último ajuste de la base.
Me crucé de brazos, observando cómo maniobraban en el espacio reducido. Mi hermano, al pasar por mi lado, se detuvo u