El sonido de la máquina de espresso retumbaba en mi cabeza como si alguien estuviera martillando mi cabeza desde adentro. No era resaca de alcohol; era la resaca de haber dormido apenas tres horas luego de haber huido de un chico que creía que podía reclamarme después de pasar la noche con las manos sobre otra mujer.
—Ayla, la leche se va a quemar —la voz suave de Tyler me trajo de vuelta a la realidad.
Aparté el vaporizador justo a tiempo. Tyler me miraba con una mezcla de preocupación y cansa