Se pasó las manos por la cara, soltando un suspiro largo que pareció drenarle la poca energía que le quedaba después de los golpes en el ring. Me quedé de pie un segundo, asimilando la pulcritud de la habitación antes de dar un paso hacia él. El colchón se hundió levemente cuando me senté a su lado, lo suficientemente cerca como para sentir el calor que todavía desprendía su cuerpo.
—¿De qué quieres hablar primero, Keydan? —pregunté en un suspiro—. ¿De la forma en la que te relacionas con mi p