La ciudad amaneció con una calma artificial, como un teatro vacío antes de que subiera el telón. Los portales habían dejado de hablar del tropiezo de Celeste; ahora hablaban de “reacomodos”, de “figuras emergentes”, de la “nueva normalidad” tras el fracaso mediático. La normalidad, pensó Aelin frente al ventanal, no existe. Solo existen los intervalos entre las guerras.
Sasha entró sin hacer ruido. Traía en la mano una carpeta delgada y una expresión de quien ha visto un relámpago en un cielo