La sala principal del Palacio de Convenciones estaba repleta. Empresarios internacionales, ministros, embajadores y representantes de organizaciones globales ocupaban los sillones tapizados en terciopelo. Afuera, las cámaras transmitían en vivo, y cada gesto dentro del salón era analizado en tiempo real por periodistas y millones de espectadores en las redes sociales.
El motivo oficial era una cumbre económica, pero todos sabían que esa noche tendría otro eje: la presencia de las dos Valtierra