La noche no tenía luna. La ciudad dormía en falsa calma.
En los aposentos de la mansión Vólkov. Aelin, se levantaba sin el más mínimo ruido, con el propósito de no despertar a Darian. Salió lentamente de la habitación.
Y esa noche, entre las calles de la ciudad, una sombra más densa, caminaba sobre los techos… la muerte acechaba.
Vestida con un traje táctico negro sin marcas visibles, rostro cubierto por una máscara de tela mate y guantes ajustados, Aelin Valtierra no era humana esa noche