Jasemin.
No podía respirar ahí dentro.
El aire del harén era demasiado espeso, demasiado caliente, y demasiado cargado de humo. Incienso y perfumes dulces mezclados con vino derramado y cuerpos sudados. Las velas bajas lanzaban destellos dorados sobre las telas transparentes que caían desde el techo, separando rincones llenos de almohadones, pieles y mujeres que ahora me observaban como si yo fuera el verdadero espectáculo de la noche.
Y quizá lo era.
Porque nadie parecía entender qué hacía all