Jasemin.
Soren se quedó inmóvil, literalmente inmóvil, como si hubiese escuchado algo imposible.
—¿Entrar? —repitió lentamente, mirándome como si acabara de perder la razón—. Señorita Jasemin… eso no puede suceder.
La presión en mi pecho seguía creciendo. El viento nocturno atravesaba la galería de piedra moviendo apenas las telas oscuras de las antorchas mientras yo intentaba mantener algo de dignidad en medio del desastre que tenía dentro.
—Necesito hablar con él.
—No esta noche.
—Sí esta noc