—Eres todo un amo de casa —declaró Emilia, llegando a su casa el último día de su guardia nocturna—. ¿Quién diría que a estas horas te iba a encontrar cocinando mi cena?
Alejandro sonrió, negando con la cabeza. Él sabía que ella tenía la guardia nocturna esa semana, de hecho, desde el lunes por la mañana insistió en ir por ella, pero la joven le dijo que prefería que no sacaran al pequeño Adrián de madrugada, para que no se expusiera al frío y no se resfriara, así que ella iba y venía en un auto