—Pero no es lo normal —declaró la mujer que, dos años atrás, hubiera visto toda la disposición de esa joven que tenía por la plaza que estaba recibiendo, es decir, ella incluso cambió de ciudad por obtenerla—. Sabes, son contadas con una mano, y me sobran tres dedos, las personas que renuncian a este tipo de cosas.
—Mi más grande sueño siempre fue hacer una familia —explicó la castaña, que terminaba de firmar algunos papeles para la disolución de su contrato con el gobierno del estado—, así que