Con la mirada fija en el techo, Milen e Itzam yacían acostados sobre la alfombra de aquel estudio, uno al lado del otro, sus brazos apenas y se rozaban, por alguna razón evitaban el contacto entre ellos, pese a que acababan de tener un reencuentro sexual demasiado intenso.
Sus respiraciones seguían aceleradas en parte por la ajetreada faena; pero también por los nervios de no saber qué decir o cómo actuar. Se dejaron llevar por la necesidad del uno por el otro y cruzaron una línea para la cual