— Ya dímelo — le pidió Milenka a Itzam mientras este arrullaba en brazos a su primogénito recién nacido.
— No puedo creer que sea padre — respondió sin despegar la vista de su pequeño.
— Itzam — lo llamó Milenka usando ese tono peculiar que le indicaba que hablaba muy en serio.
— Algún día descubriré como le haces para leerme tan bien — señaló él.
— Es sexto sentido — aseguró ella, observándolo desde la cama en la que descansaba.
— Tienes razón, me pasan muchas cosas — admitió ante la mirada at